06 agosto 2006

Adios Aguirre para siempre


Como es sabido todo comienzo resulta difícil, pero aún más lo sería cuando se trata de momentos de consternación. Sinceramente, no sé por donde empezar, pero lo único que sé, solamente que el movimiento de solidaridad para con el Sahara Occidental ha perdido relevante figura, que ha hecho de la causa de autodeterminación del pueblo saharaui verdadera aureola por encima de todo titulo, distinción y grados que ostentaba y, a la vez, sinónimos del recientemente fallecido, José Ramón Diego Aguirre; el profesor, el catedrático, el escritor y el historiador, y el militar. Simplemente, en una palabra, el ciudadano saharaui.

El hombre que en todo momento avivó con matiz, a pesar de los pesares, las páginas de la historia con tono objetivo e imparcial para descubrirnos a nosotros mismos, después de largos años de censura y de “secuestro” de la realidad; igualmente hizo de la misma punta de lanza y contención a las pretensiones vacías, vagas e inoportunas de quienes con el pillaje y la sin razón intentaban a moldear el desarrollo irreversible de pueblos y naciones bajo la carcasa de lo histórico.

Quizás cuando Aguirre - como lo apelaban los saharauis - llegó al territorio en 1966 procedentes de los fríos Pirineos y del bullicio de Cataluña, nunca se imaginó que el destino atara para siempre su nombre, vida y obra a los saharauis, hasta finalmente convertirse en uno más de ellos.

Sin duda, que los escritos y publicaciones de José Ramón Aguirre sobre el Sahara desde la Verdad de una Traición hasta el Oscuro Pasado del Desierto, han marcado de manera contundente un ante y un después para corroborar a Marruecos en primer termino, y a las instancias internacionales, en segundo, que se debe respetar el derecho inalienable, lo que Aguirre llamó en su momento: “la verdad cruda y desgarrada que siempre se ocultó”. Es verdad también, que el carácter personal, político y académico del hombre que despedimos con este humilde homenaje, no vaciló en ningún momento en exaltar y evidenciar las traiciones y artimañas que se operaron en la zona para abortar la esperanza y ansias de la población autóctona del territorio. Por ello, Aguirre creyó sumamente en los saharauis, en su proceso, y en ningún momento se sintió traicionado por esa convección. He tenido la oportunidad de conocerlo personalmente y entrevistarlo en su primer viaje a los campamentos de refugiados saharauis, en el marco de la caravana de la solidaridad. Entonces, me aseguró entre otras cosas, que: "cuando el pueblo saharaui se le crean condiciones objetivas e imparciales de un referéndum, lejos de coacción, optará, sin duda, por la independencia". Era su plena convicción.

Era un verdadero conocedor de las costumbres, tradiciones e idiosincrasia, y de la gente simple y humilde que compartió con ellos los mejores momentos. En aquel viaje a los campamentos, bajo una jaima tradicional en la daira de Hauza, levantada en honor a los huéspedes de la caravana de Madrid, reunido con los notables saharauis, después de saludarles afablemente a todos, comenzó inmediatamente a nombrarles con sus nombres y apellidos, como si fuese que el tiempo no transcurrido o como si fuese que los saharauis no se encontraban en el refugio o como si fuese en esos momentos que Aguirre no tomase un té en la hamada de Tinduf. Era como si estuviéramos en El Aaiún en 1975. Era increíble, qué memoria.

El Sahara Occidental fue para Aguirre la otra orilla de Santander, el límite y la frontera de la nación de los saharauis; que emergió de la frustración y de las promesas incumplidas, que el escritor siempre rehusó al señalar en más de una ocasión con justeza que las naciones también emergen de las canteras de la solidaridad, el esfuerzo y la abnegación; todo lo anterior fue plasmado en su larga investigación como historiador de creíbles citas, datos, fundamentos y consultas en eras de un sólo objetivo: Rescatar la historia perdida del Sahara Occidental, como mejor homenaje y plebiscito del sacrificio de los hombres, mujeres y ancianos de éstas tierras.

En sus alegaciones histórica lamentaba con pesar como España no ha tenido el coraje de pactar con el movimiento de Basiri, y como las oportunidades se fueron esfumándose para dejar paso a lo indeseable; y como posteriormente le falto igualmente el valor de cumplir los compromiso suscritos con el Frente Polisario en Mahbes y en Argel, poco antes que el Gobierno de Arias Navarro, diese al trasto con todo para dejar paso a la “Marcha Verde”, la irrupción de los ejércitos marroquí y mauritano, y los posteriores acuerdos tripartitos de Madrid en detrimento de la voluntad de las fuerzas armadas acantonadas entonces en el territorio, la Corte Internacional de Justicia, las Naciones Unidas, y los pueblos de España.

La visión de Aguirre en todo sus contexto se ha fijado en un doble compromiso con la historia, donde los protagonistas de la misma se veía reflejados tanto los de favor como los de en contra, los para bien como los para mal en esta larga contienda. Y donde el sentimiento, el afecto, el amor y la desesperación que se quedaron truncados de unos y de otros, bajo las áridas tierras de El Aaiún, Smara o Dajla podrán un día ser rescatados, lejos por supuesto, de la insensatez de los políticos de la época, que desgraciadamente no estuvieron a la altura de los compañeros de armas de Aguirre como el Coronel Valdés, último gobernador del Sahara, el Coronel Rodríguez de Viguri, Secretario General, que negaron rotundamente a firmar el acta de traición presentada por los marroquíes, a raíz de los acuerdos tripartitos de Madrid.

Enero 2005

1 comentario:

minisdecris dijo...

Hola, soy Cristina Diego, hija de "Aguirre". Una amiga encontró tu blog y me envió el enlace.
Te diré que me ha emocionado leer tu post, la foto de la escuela que le dedicaron, todo, en fin...No se si sabes que sus cenizas están en parte en Tinduf, en los cimientos de la escuela, y en parte con mi madre, en Graus.
Gracias por ese recuerdo cálido a mi padre; mientras alguien nos recuerda seguimos vivos, nosotros y aquello que hemos hecho a lo largo de nuestra vida. En el caso de mi padre, un trabajo riguroso que documenta la historia del Sahara, tierra que amó tan profundamente como a sus habitantes.
De nuevo gracias.